[El Municipi. BIM, núm. 42, octubre 2000, pp. 20-21]

En el Libro de Correspondencia de 1985 del Ayuntamiento de Vila-real, en el día 23 de junio aparece registrado un oficio del Alcalde dirigido al Comandante del puesto de la Guardia Civil, por el que se interesa alguna fuerza a las Alquerías del Niño Perdido durante la noche próxima para atender al orden público. La noche de que se trata es la llamada “nit de Sant Joan”. ¿Significa esto que nuestros antepasados celebraban el solsticio de verano?. Hay testimonios que hablan de ello.

En primer lugar, estaba la creencia de que en esta noche cuando se encendían las hogueras las brujas se iban a las montañas y que a partir de entonces se podía salir por La Plana sin ningun temor. Era costumbre decir: “Que sant Joan beneit, mos lliure de les bruixes esta nit.”

Lo cierto es que, en esta noche serían muy pocos los que se quedarían en casa pues, como dice el refrán, “per Sant Joan el joc y per nadal el foc.”

Sabemos que, en la noche de San Juan, se encendían hogueras als panys donde vivía algún Batiste, y que a su alrededor se hacían alboroques o divertidas reuniones de amigos y allegados que comían y bebían hasta bien entrada la noche.

Allí donde había un acordeón o una guitarra la velada se prolongaba hasta la madrugada, hora en que se solía ir a recoger la verbena o “herba de l’aliacrá!”, o alguna otra hierba medicinal, según la creencia que se tenía de que les “herbes de Sant Joan, tenent virtut tot l’any”. Lo que explica el llamar verbenas a las veladas de San Juan.

Otra hierba que se recolectaba la mañana de San Juan era el pericot o hierba de San Juan con la que se preparaba un aceite muy indicado para el tratamiento de quemaduras y llagas.

Los jóvenes, por su parte, “corrien les fogueres” y solían bailar a su alrededor el “ball rodó”, y siguiendo viejos rituales, saltar entre las llamas para demostrar su valentía, pues “qui no salta la foguera de Sant Joan no se casará mai”, lo que viene a decir, que quien no es valiente para saltar la hoguera tampoco lo será para buscarse compañera.

A partir de la medianoche y antes de la salida del sol, los jóvenes iban entonces a bañarse al clot de Ríos, del ciprer o de la figuereta, a la Bota o detrás del “molí’, si tocaba el turno y pasaba agua por la acequia. Según la creencia popular, esta costumbre se practicaba para adquirir del agua aquella virtud extraordinaria que en esta noche tenía que curar o prevenir toda enfermedad relacionada con la piel. Así se decía, “bany de Sant Joan, salut per a tot l’any”.

En este mismo sentido, las chicas por su parte, preparaban recipientes llenos de agua que dejaban al sereno de la noche para lavarse con ella a la mañana siguiente y conseguir por su virtud, mayor salud y belleza del cabello y de la piel.

En la víspera de San Juan, los chicos salían de ronda a cantar a la puerta de las chicas o de las novias. Y durante la noche y siguiendo la tradición, que “per Sant Joan les estimades troben les enramades”, con flores y hojas que realizaban enramades delante de sus casas para demostrarles su amor. Esta costumbre pasó a finales del pasado siglo a la fiesta que por entonces comenzaba dels xics y de les xiques.

Las chicas, por su parte, cuando querían saber si se casarían con el chico que les gustaba o si les saldría novio, cogían una “carxofa de cardera espigada” a la que cortaban la pelusa y colocaban después debajo de la cama con la creencia de que si a la mañana siguiente había florecido de nuevo podían estar seguras del amor de su chico o de que muy pronto tendrían novio.

También se tenía la creencia de que agarra tota planta que per Sant Joan es planta. Por lo visto, este día es uno de los mejores para plantar cualquier vegetal propio de este tiempo, pues al parecer, enraíza, crece y fructifica con mayor rapidez, ya que “per Sant Joan tot es fa gran”.

Todo el día de San Juan “els Batistes” tenían “taula pará” para obsequiar “amb rotllets d’aiguardent i mistela” a familiares y amigos que pasaban a felicitarlos. Antiguamente, era costumbre al marchar, coger de la hoguera de la noche anterior un puñado de ceniza que al llegar a casa aventaban alrededor de la misma para alejar así las desgracias o males que pudieran amenazarles, según rezaba eldicho, “cendres de Sant Joan, remei de tot mal”.

A partir de 1945, más o menos, los actos propios de esta noche se fueron centrando en la explanada que había entre “els panys de Lorito y del Forn de Fraga”, origen de la actual calle de Sant Joan, donde desde antiguo el tío Fraga, de nombre Juan, encendía la tradicional hoguera.

Al principio, la fiesta consistía en realizar la víspera una hoguera y un porrat con orquesta, y por la mañana una misa cantada, seguida de un almuerzo de todos los vecinos en la misma calle. Posteriormente fueron ampliándose los actos festivos, destacando la cabalgata de carros engalanados, como se puede ver en la fotografía, donde además podemos apreciar la “capelleta del Sant” debidamente adornada. Estas fiestas dejaron de celebrase en 1969.

Serà en 1986, con ocasión de las primeras fiestas de la segregación, cuando volverán a recuperarse estas viejas tradiciones con la celebración de una verbena popular amenizada por una orquesta y el encendido de una hoguera en un solar anexo al polideportivo, con la aportación de objetos y muebles viejos de los vecinos. En 1987 se ampliará amb un sopar de pa i porta.

A partir de 1998, la Reina y su corte prenderán la tradicional hoguera “i com sempre s’acabarà la festa saltant el foc, com mana la més bella tradició y el més bell costum”.

Albert Ventura Rius

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