[El Municipi. BIM, núm. 38, setembre-desembre 1998, pp. 17-18]

Ayuntamiento de Farsa. Año 1950. Foto tomada frente a la casa del tío Amador

El día de los Inocentes era costumbre, en algunos pueblos de la Plana, nombrar un «justicia dels lnnocents», que dictaba órdenes y disposiciones e imponía tributos y multas. En algunos lugares era un rey de burla y en otros un ayuntamiento de farsa, quienes representaban este personaje.

A este respecto, había en Alquerías un hombre al que todos apodaban «rei bufarra». Al parecer, le dirían este apodo por un antepasado suyo al que se lo pondrían por representar el personaje de «rei bufa» en la fiesta que antiguamente se celebraba en Alquerías por los Inocentes.

Sabemos de la celebración de esta fiesta gracias al testimonio de sor Concepción, conocida en Alquerías como Carmen Vilar López, «la calaixana», que a sus 100 años cumplidos el pasado 20 de agosta, sigue de religiosa en el convento de dominicas de Vila-Real. Ella misma nos cuenta cómo se desarrollaban los actos:

«Unos cuantos hombres allá por los inocentes pasaban por las casas de la Partida a recoger para la Iglesia. A esto lo llamaban «multar». Los hombres que iban a «recaptar» llevaban un objeto colgado del cuello, hecho de huesos, de un palmo y con otro hueso rascaban y hacían sonar una musiquilla. Ya se sabía que aquella musiquilla era porque se acercaban a la casa a «captar». Todo esto se lo he oído contar a mis padres. A mí me gustaba que me contaran cosas de antes, que escuchaba con mucha atención. Al parecer, cuando llegaban a una casa precedidos por la musiquilla de aquel instrumento, salía la dueña, y le decían: «¿que fas?». Decía ella, por ejemplo, «rentant», «puix per estar rentant te multem en …» tanto dinero. Después cada uno daba la limosna que quería para costear la Iglesia. Así, por estar sentado, por estar encendiendo el fuego o por cualquier otro menester, o per ‘no fer res’, te multaban. De este modo se recogían las limosnas de los pobladores de esta Partida para la Iglesia. Y cantaban canciones».

Instrumento musical formado por un enfilado de huesos que acompañaba a la comitiva en el día de los Inocentes a fines del s. XIX. Dibujo extraído del “Costumari” de Amades

El instrumento musical del que nos habla sor Concepción, sería como el que vemos en el dibujo tomado del «Costumari» de Amades, el cual, «format per un enfilall d’ossos disposats en escala que es fregava amb una anella feta també d’os», acompañaba con su musiquilla la bufona comitiva. «Darrere aniria la xicalla acompanyant el so rítmic del instrument musical amb els recitats propis de la festa, que alguns han sobreviscut a la festa mateixa: «Rei, vestit de budell, la calça cagà i el sombrero vell. Jo sé una cançó de fil i cotó, me menge la figa i tire el peçó».

Esta comitiva de «bufa» estaría compuesta por hombres de cierta gracia y encabezada «pel més descarat», que representaría a la persona del «rei», cuya denominación misma de «bufarra» denota, sin duda, el carácter «destarifat» de este personaje.

Por lo visto, el «rei bufarra», con su corte burlesca, recorría las alquerías multando «a mig poble pel que feia i al altre mig pel que no feia». Las multas podían ser desde un céntimo hasta donde alcanzaba la voluntad del multado. Al parecer, formaba parte también de la fiesta la discusión con el que no quería pagar, donde se ponía a prueba el ingenio, la gracia y el buen humor del «rei bufarra», a la que se uniría la chiquillería que se ponía a cantar aquello de: «el diumenge, el rei que te penge, vindrà l’escolà amb la creu en la mà. Se t’endurà a tu i al teu germà», hasta que el penado acababa por pagar religiosamente la multa.

Al finalizar, la comitiva se dirigía a la casa abadía «per lliurar-li al capellà els diners arreplegats».

Esta fiesta se debió perder a finales del pasado siglo, viniendo a ocupar su lugar la fiesta de los quintos que, al parecer, a principios de siglo celebraron algún año eligiendo un ayuntamiento de farsa, como era costumbre en algunos pueblos de la comarca.

En la fotografía que se acompaña, tomada ante la casa del tío Amador en el transcurso de la cabalgata de las fiestas patronales de 1950, vemos la imitación de un ayuntamiento del estilo de los que los quintos parodiaban a principios de siglo.

Estos, disfrazados, se acompañaban de los restantes quintos que golpeando botes de lata a modo de tambores y lanzando petardas avisaban al vecindario de la proximidad de la comitiva. El alguacil, que en la foto aparece con una bota de vino en la mano, proclamaba, de tanto en tanta, un bando. Este bando era común a los pueblos de la Plana y decía, más o menos, así: «Per orde del senyor alcalde i del seu ajuntament, se fa saber: que ningú estiga ni al sol ni a la sombra, ni dins ni fora, ni baix ni dalt, ni gitat ni dret, si no vol pagar la multa que segons li posarem».

Como dictaba el bando, el ayuntamiento imponía a la gente toda una sarta de órdenes y prohibiciones absurdas cuyo incumplimiento, más que imposible, suponía el pago inmediato de una sanción. Así, se recorrían las casas y entraban en las tabernas, multando a todo vecino y farastero que se encontraban a su paso. Las multas empezaban por ser cuantiosas y acababan siendo a voluntad del penado. El dinero recogido se invertía en una buena comida que casi siempre acababa en borrachera.

Hoy en día, de la fiesta de los Inocentes, sólo nos queda la costumbre de «fer innocentades». Una de las más corrientes ha sido siempre la de confeccionar «ninots de paper i penjar-los a la esquena de la gent, o colocar-los fulles i corfes de cacau al cap» y cantar, mientras no se lo quiten, aquello de: «burro calent, porta la carga i no se la sent».

Otra inocentada muy común era decirle a alguien, por ejemplo, tu madre te llama y ha dicho que vayas enseguida, lo que se prestaba a cumplir de inmediato y, cuanda volvía con cara de haberle tomado el pelo, gritarle, «innocent, innocent!». También se acostumbraba a enviar a alguien a buscar el «motle», sin saber qué cosa es ésta, y con la excusa de que unos han ido dejándosela a otros hacerle ir de aquí para allá, o bien darle cualquier cosa para que volviera y hacerle «pagar l’innocentà».

Otra cosa frecuente era pedir a alguien algún dinero o alguna cosa y decirle a cambio que «els innocents t’ho pagaran». Se acostumbraba también, a «fer bunyols facits de fil d’espart» para invitar al personal. «I així un gavell més d’innocentades que la gent es lliura a voltes de manera innocent i d’altres amb una certa malícia».

Por último, cabe señalar también que en otros lugares era costumbre en este día celebrar una procesión de pega, «on sortien a fer una cercavila amb disfresses, seguits de molta fadrinalla. Durant el curs, es lliuraven a mil excentricitats i extravagàncies, algunes no molt adequades. D’ací que tothom anomenara esta passada la ‘processó dels folls’».

«Foll» viene a significar «cap buit, home fatu o boig» y por extensión «innocent», de ahí que reciban este nombre, por la ingenuidad, la libertad, la alegría y el juego que se practica en este tipo de celebraciones.

En este sentido, es interesante señalar, también, la procesión de pega que se celebra, de unos años acá, durante nuestras fiestas patronales, por entender que contiene y desarrolla elementos propios y tradicionales de «les festes dels innocents».

Albert Ventura Rius.

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