[El Municipi. BIM, núm. 37, maig-agost 1998, pp. 21-22]

Fotografía tomada en la Pascua de 1991

El pasado 1 de diciembre de 1997 a las l2:40 horas se desplomaba “El Pi” ante el asombro de “uns collidors” que se encontraban en sus inmediaciones. Unos días después, en un titular de la prensa se decía: «Muere El Pi, pero no su recuerdo». Para mantener viva y acrecentar su memoria, en las pasadas Fiestas de la Segregación, se llevó a cabo una exposición donde se quiso poner de manifiesto lo que, muy bien, ha sabido dejar escrito Vicente Ramón Molés Ros en uno de sus versos: «Símbol del nostre terme, has segut durant molts anys, passaràs a la história, com aquell pí regran».

Gracias a lo expuesto allí, los alquerieros conocemos un poca mejor a nuestro pino centenario. Se presentó documentación del Archivo de Vila-real en donde “el Pi” aparece dando nombre, 1843, a una fila de riego que arrancaba junto a él. Será en 1887 cuando el pino entrará a formar parte de la toponimia local dando nombre a uno de los cuatro barrios en que, desde hacía años, se hallaba dividida la Partida de las Alquerías.

En 1920 el cronista de Vila-real, Mossén Benito Traver, en su historia de Alquerías, nos dirá, que «junto a la acequia de abajo, se encuentra un corpulento, hermoso y vetusto pino, que ha dado el nombre a la demarcación de una de las cuatro partidas en que se dividen las Alquerías del Niño Perdido». División que llegará hasta el padrón de 1996, en donde “el Pi” pasará a denominar el “sedeny” que existe entre el camino de la Regenta y del Palmeral.

En la exposición se comparan las anillas con la historia de Alquerías

Vecinos de Alquerías trabajando en las tareas de traslado del Pi.

Entrando en dicha exposición, en primer lugar, se podía contemplar un enorme corte de su tronca sobre el que se había colocado un cristal en donde se señalaban los anillos de crecimiento correspondientes a su edad, que, contándolas, el biólogo Sisco Marco, pudo establecerla en 253 años. Sobre el cristal se señalaban también, haciéndolos coincidir con sus anillos correspondientes, aquellos hechos históricos más significativas que han ocurrido en Alquerías desde su plantación, que debió ser en 1774, hasta su caída en 1997.

Pero, como sabemos, los anillos no indican solamente la edad sino que reflejan también las sequías, las épocas de lluvia intensa, las enfermedades o accidentes habidos en el crecimiento del árbol, como la es la herida que se apreciaba en el corte, producida, al parecer, por un golpe de hacha, de la que nació la «aguja o cuerno» que tanta personalidad ha dado a nuestro pino, tanto como su característica inclinación, que aparece reflejada también en el mencionado corte por el desplazamiento que sufre el corazón del pino hacia un lado.

Además, nuestro pino ha sufrido repetidos ataques de rayos. Siempre se ha dicho, que uno de ellos, partió la rama que se encontraba un poco más abajo de la «aguja o cuerno», dejando herido el tronco y seca la base de la rama.

Pertenece, así mismo, a la tradición popular que este pino formaba parte de un bosque que existía en aquel lugar de Cap de Terme, que servía de coto de caza a los reyes cuando éstos se desplazaban a Vila-real. Sin embargo, al parecer, se trata de un único ejemplar de una especie introducida (pinus pinea), ya que en la provincia de Castellón no se conoce ningún bosque de pinos piñoneros, por lo que es normal encontrarlos, como en nuestro caso, aislados.

Altura: 21 mts; Diámetro: 1’85 mts; Perímetro tronco: 5’81 mts; Perímetro copa: 28 mts

No obstante todo ello, nuestro pino piñonero ha llegado a considerarse un árbol monumental, su figura ha sobresalido majestuosa de entre el paisaje rural de la partida de Cap de Terme. Llegó a tener una altura de 21 metras, su diámetro en la base era de 1’85 metros y de 1’40 a la altura de la «aguja», su perímetro de 5’81 metros y el diámetro en la copa de 28 metros.

A su majestuosa sombra se reunían los labradores que faenaban en sus inmediaciones para comer y descansar, y allí, en ocasiones, acudían los escolares por «Sant Nicolau, a menjar la llonganissa, alguna que altra colla per pasqua a berenar la mona i a picar pinyes i menjar pinyons sempre que havia gana».

Dadas sus dimensiones en la pasada guerra civil, fue punto logístico para la aviación y para las baterías situadas, durante el frente, a ambos lados del barranco por lo que recibió repetidos impactos de metralla.

De vuelta a la exposición, hay que señalar que se lograron reunir para la ocasión varias pinturas sobre el pino. De Antonio Marco, Laurentino Martí, y de Eladio Valera además del cartel de la exposición. Destacó, también, un cuadro tallado en madera del propio pino del escultor Antonio Bartoll que representa la colocación en 1683 del lienzo de la Mare de Déu del Niño Perdido en el oratorio del Replà.

Se tuvo la ocasión de visionar, también, varias fotografías del pino que algunos vecinos presentaron para su exposición, destacando las realizadas en 1960 que prestó la familia Ibáñez, propietaria del huerto inmediato al pino y la que tomó la tarde antes de su derrumbe.

Junto a todo la dicho, pudimos ver más de cien fotografías de otros árboles del término, entre las que cabría destacar el “xop de la fila de Lloreta”, “el plataner bord de l’alqueria de Berruezo”, “la noguera tropical de l’alqueria de Mora”, “el faig i les moreres de ‘Las Hayas’”, “la noguera del Plà Redó que hi ha entre els camins Mascarell i Artana”, “els pins i les palmeres de la Finca de Faroles”, y “el arç blanc centenari de vora riu”.

También se expuso documentación relativa a otros árboles monumentales que antiguamente existían en nuestro término, como “un grande olivo” que en 1713 se conocía en la hacienda de los frailes de Caudiel “el cual con tronco y ramas pesaría más de 70 arrobas”, o el naranjo que había en “l’alqueria del taronger” que en 1879 “tendría entonces 100 años la menos, según lo manifestaba el grueso de su tronco».

Se rindió homenaje, también, a la acacia del Replà, a la que el pasado día de Sant Antoni alguien prendió fuego. En realidad de la vieja acacia sólo quedaba el tronco cubierto por una enredadera que formaba como un árbol de apariencia singular, que pertenecía ya al conjunto del Replà, como bien recoge en estos versos el tío Ramón de la Creu: «Ha deixat un buit enorme, puix pareix un descampat, la pica i el vell aljub, els dos sols s’han quedat».

Es importante reconocer el esfuerzo del Ayuntamiento y de sus empleados

Al parecer, se quiere levantar al “pi” un monumento “amb la creuera” del mismo, cuya operación de tala y transporte de la misma fue expuesta, también, en un amplio reportaje fotográfico. Se habla, que se quiere plantar “un fillol” en el mismo lugar donde se levantaba “el pi”. Lo cierto es que algunos vecinos “han fet planters” y que hay plantado un “fillol” en el pinar de “vora riu», así como que Batiste «jacinto» ha convertido en bonsáis tres ejemplares “del seu planter”, que pudimos contemplar durante la exposición.

A lo dicha, sólo cabe añadir, mi agradecimiento a quienes contribuyeron a la exposición, y mi homenaie al “pi” en palabras del tío Ramón de la Creu, cuyos versos pudimos leer y admirar en la exposición: “Puix la vida deu seguir, amb el pi o sense ell, puix ja un refrany diu, que ningú passa de vell”.

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