[El Municipi. BIM, núm. 30, febrer-abril de 1996, p. 14]

En el Domingo de Ramos, lo procesión salía del templo y daba una vuelta «pel Replà». Durante la procesión, se cerraba la puerta de la Iglesia. Al volver «l’escolà» daba tres golpes a la puerta con el palo de la cruz parroquial y se abrían las puertas. Se decía el refrán: «pel diumenge de rams, qui no estrena no té mans».

Se bendecían palmas y ramas de laurel y olivos que después se colgaban en el balcón para guardar la casa de todo mal y alejar las tormentas.

Terminada la celebración «el capellà» daba a los niños del Catecismo «una paperineta de caramels» para recordarles que se entraba en la Semana Santa, diciéndoles que «estos són els últims caramels fins el dia de Pascua» y que «fins que no tasteu la mona no teniu que tastar més caramels».

El Jueves Santo era «festa grossa». «L’escolà» preparaba el Monumento en el altar del Carmen, se instalaba a cada lado una pintura «amb dos jueus malcarats». Por la mañana se celebraba una Misa solemne. A continuación comenzaban los turnos de vela que duraban hasta el día siguiente. Después de haber sonado «el rotgle» durante el Gloria de la Misa, las campanas enmudecían, y únicamente podían sonar «les matraques», a partir de entonces las puertas de las casas se entornaban, en los casinos y tabernas no se jugaba, se evitaba todo ruido y se hablaba muy bajito.

Por la noche se celebraba «la processó del Natzareno».

En la fotografía que acompaña este trabajo pueden apreciarse «els jueus» que representaban más bien una centuria romana. Se trataba de romanos con casco, armadura y lanza que custodiaban y hacían guardia durante los actos de lo Semana Santa. Al frente iba «el Rei dels jueus», que durante muchos años fue Miguel Bodí, por eso «els jueus» salían formados de la alquería del Taronger.

En la mencionada fotografía se puede ver el «trasllat del Sepulcre» de la iglesia del Replà a la iglesia del Camí Artana para la procesión del Santo Entierro. Puede datar de los años cincuenta.

Terminada la procesión se hacía lo Hora Santa y a continuación «el Sermó de la galtà» que recordaba lo bofetada que recibió Jesús. Cuando el predicador se daba una bofetada, todos hacían lo mismo. Los niños la recibían de una persona mayor.

El Viernes Santo. Las mujeres no barrían «el pany». De buena mañana se dedicaban a pastar la mona para llevarla a cocer al horno. Lo gente no se lavaba la cara ni se peinaba. A primera hora se practicaban «les creus», recorriendo Ias estaciones «pel Replà». A media mañana se celebraban los Oficios. El «capellà» y el «tio Fraisco l’escolà», primero, y Miguel de Canona, después, cantaban la Pasión. Terminados los Oficios, el Santo Sepulcro era situado ante el Altar mayor para su veneración. Cuatro «jueus» se encargaban de su custodia. La gente rezaba los treinta y tres credos, uno por cada año de vida del Señor, que acompañaban de una petición.

Por la noche tenía lugar «la processó de l’Enterro», donde salían las imágenes de la «Mare de Déu dels Dolors» y del Cristo Yacente, unos encapuchados con «vesta» de color «lliri blau» y hachas encendidas. El sepulcro era sacado por voluntarios. Los soldados romanos o «jueus» le daban escolta, «el Rei i els dos capitans» con la espada desenvainada iban delante, y «el tabalet» marcaba el paso. Detrás del Sepulcro se llevaba el palio, a continuación iban el «capellà» con capa negra, los cuatro Alcaldes de Barrio y la banda de música entonando marchas fúnebres. Cerraba la procesión dos largas hileras de mujeres acompañando la imagen de la «Mare de déu dels Dolors» que era llevada por ocho hombres vestidos con una capa negra castellana, a la que daba escolta también la guardia romana.

A las diez de la mañana del Sábado de Gloria, con el ritual de lo producción del fuego nuevo y lo bendición del agua, resucitaba el Señor. A partir de entonces se recuperaba la actividad, las mujeres salían a «agranar i ruixar els panys». «Semblava que de tan bon punt ha ressucitat, tot retorna a la vida».

Al momento de volteo de la campana se disparaban cohetes y salvas de escopeta en señal de alegría. Cuando se tocaba a gloria había que lavarse la cara y los ojos. Los fieles que se encontraban en la lglesia, cuando sonaba de nuevo «el rotgle», pegaban a las sillas y bancos ahuyentando así el silencio de la muerte. «La vida ha esclatat!!!». Los niños y niñas iban con botes haciendo ruido mientras cantaban aquello de «ratetes, ratetes, eixiu del forat, que el Nostre Senyor ja ha ressucitat». «A més a més feien una rastrera de pots que arrossegaven per terra i amb branques i garrots, fent de les palmes del Diumenge de Rams, colpejaven a algunes portes i a pots, llandes i caixes per fer quant més soroll millor. Així el soroll surgit del toc de l’al·leluia ressona per tot arreu. És l’anunci de la Pascua».

Para el Domingo de Pascua, a la salida del sol se celebraba la procesión del Encuentro. De la carretereta de «la Guixa» salía la Virgen hacia la explanada, cuando «el copellà» le quitaba la mantilla se lanzaban palomas, cohetes y la banda de música tocaba la «Marcha Real». Después se celebraba la misa de Pascua y a continuación todos se preparaban para ir a comerse la mona al Río Seco o a alguna Alquería del Plà Redó.

El Croniste Oficiol

ALBERT VENTURA RIUS

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